El nombre y el rostro de la realidad

Hay imágenes que se convierten en símbolos, en iconos al expresar todo aquello que no se alcanza con las palabras. Son imágenes hipnóticas que se quedan grabadas en la memoria colectiva y en los corazones y cuya capacidad de emocionar permanece en el tiempo.

Sin duda, una de ellas es la imagen del abrazo de Luna, voluntaria de Cruz Roja, a Abdou, migrante senegalés que acababa de alcanzar a nado la playa de Tarajal de Ceuta el pasado martes 24 de marzo. Ese abrazo es humanidad en estado puro, pone rostro y nombres a una realidad que enfrentamos, con demasiada frecuencia, de forma impersonal y deshumanizada.

Necesitamos humanizar, empatizar para generar procesos emocionales con poder transformador sobre la realidad. Detrás de una “avalancha humana” o una “corriente migratoria”, como leemos habitualmente en la prensa, hay personas con nombre y rostro, con historias de vida llenas de momentos de fortaleza para hacer realidad sus sueños y otros de impotencia reflejados en una mirada o en un llanto que no puede dejarnos imperturbables.

En Delfoteatro nuestra forma de transformar la realidad es a través del teatro social, con espectáculos dirigidos a todos los públicos en torno a nuestros sellos de educación en valores. Así lo estamos haciendo durante la Semana Intercultural del distrito de Salamanca en la que estamos apoyando a nuestras compañeras del Programa de mediación comunitaria intercultural “Salamanca Acoge” llevando el teatro a las calles y a los colegios con la representación de los cuentacuentos participativos “yo soy Malala”, “Wangari, la mujer árbol” y la obra de teatro interactivo infantil “ya salió el sol”.

Es una bella y emocionante coincidencia el que la programación de Delfoteatro nos ha llevado justo esta semana a tener en cartelera la obra “Ya salió el Sol”, basada en el cuento escrito por Sarahí Albor, recopilado en el libro “Y si yo fuera una persona refugiada: Historias sobre niños y niñas refugiados”, publicado por ACNUR en el año 2011.

Con esta obra que estrenamos en 2015, niñas y niños jugarán el domingo en plena calle Conde Peñalver a ser otra persona a través de la ficción, recreando la historia de una niña refugiada que sale de su país con su madre huyendo de la represión. Durante el viaje se ponen de manifiesto las dificultades de la niña para adaptarse a una nueva vida y los estereotipos y prejuicios de las personas del país de acogida.

Sin duda, todo un entrenamiento en empatía, un abrazo simbólico con otras realidades para que ese público infantil comprometido con la transformación social pueda ser protagonista de abrazos reales en un futuro.

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